«Reflexiones de ¿Dónde está la casa de mi amigo?» de Kiarostami

Written in

por

“¿Dónde está la casa de mi amigo?” Es una película iraní de 1987 del aclamado director Abbas Kiarostami formando parte de la Trilogía de Koker (Trilogía de la vida) junto con “Y la vida continúa” (1992) y “A través de los olivos” (1994) filmadas en la misma locación: la villa de Koker al norte de Irán. 

La película sigue la historia de Ahmed, un niño estudiante que busca la casa de su compañero Mohamed para devolverle su cuaderno que ha tomado por error, ya que la amenaza del maestro está clara: si Mohamed vuelve a olvidar el cuaderno en clase, será castigado nuevamente e incluso expulsado. Ahmed presencia la escena con inquietud, y poco después, por un error —ya que ambos cuadernos son idénticos— termina llevándose el de su amigo a casa. A partir de ese momento, se desencadena su travesía: una búsqueda impulsada por la urgencia moral de devolver el cuaderno y evitar que Mohamed sufra las consecuencias de un castigo injusto.

Cuando Ahmed decide partir en búsqueda de la casa de su compañero, Kiarostami plantea, a través del lenguaje, un abismo que separa al mundo de la infancia con el de la adultez. Para Ahmed, es urgente devolverle el cuaderno a su compañero, pero para su madre y el resto de los adultos que se encuentra en el camino, es una tarea aplazable reduciéndolo a un simple:  “ya se lo darás mañana”. Aquí, la película funciona como una crítica sutil a una sociedad rígida ya que los adultos en el filme imponen autoridad y ven el castigo como un método educativo. En contraste, la obstinación de Ahmed no es solo ternura, sino una forma de resistencia: frente a adultos que ignoran, minimizan o no escuchan, destacando de esta rigidez, la determinación de Ahmed que brilla en nobleza y valentía. Así, Kiarostami transforma un error infantil en una epopeya. 

La estructura de la película es repetitiva mostrando la belleza y autenticidad del paisaje iraní. La escena donde Ahmed sube la colina por un camino en zigzag que marca el inicio de su búsqueda, refuerza la sensación de angustia y urgencia, convirtiendo al paisaje en un tipo de  laberinto emocional, reforzado por el ritmo pausado y la repetición de caminos, casi como si la aldea fuera un espacio simbólico de confusión moral. Sin embargo, lejos de ser monótono, este ritmo obliga a contemplar, a observar los detalles cotidianos y a involucrarse activamente en la búsqueda. Ofreciendo una experiencia profundamente meditativa.

En el camino de Ahmed, todos los personajes con los que se encuentra aparecen sólo una vez, recordándonos también que a veces en nuestra vida algunas personas sólo nos acompañarán una parte del camino y el resto, quedará en nosotros. No obstante, la aparición del anciano artesano  resulta valiosa y conmovedora. Esta escena es, quizás, el corazón filosófico de la película. Cuando Ahmed finalmente encuentra al anciano fabricante de puertas en la penumbra de su taller, el ritmo de la película cambia: la urgencia de la carrera de Ahmed se detiene ante la lentitud de la vejez. Por un lado, tenemos el choque de dos tiempos donde Ahmed tendrá que frenar su ritmo para tomar un clavado a los recuerdos de los ancianos que se se verán embellecidos por la calma, el descanso y la admiración; y por el otro, la prisa de Ahmed que lo obliga a enfocarse solo en entregar el cuaderno, olvidándose de los detalles de lo cotidiano. 

“No sé qué tiene de especial la ciudad, pero todo mundo se va ahí” le dice el anciano artesano a Ahmed. El anciano se lamenta de que ahora todos prefieren las puertas de hierro porque son más baratas y rápidas de instalar, aunque carezcan de alma. Mientras que las puertas de madera que él fabrica son obras de arte que requieren cuidado y tiempo, igual que la amistad que Ahmed intenta salvar.

“A mi me da mucha tristeza cuando veo que quitan las ventanas y puertas que yo construí con tanto esfuerzo” otro pensamiento del anciano artesano. Esta es una crítica de Kiarostami a la modernización desalmada: se están perdiendo los vínculos humanos y la belleza estética en favor de la funcionalidad fría. ¿En dónde radicará la belleza de lo que se contruye en nombre de la eternidad?, ¿A dónde va el arte que se hace?

Por último, la escena de la caminata nocturna de Ahmed junto al anciano es visualmente poética. El anciano lleva un farol; es, literalmente, el único adulto que arroja un poco de luz sobre el camino del niño. Aunque el anciano no puede llevarlo físicamente hasta la casa (porque su cuerpo ya no le sigue), le entrega algo más valioso: compañía y validación. Por primera vez en toda la película, un adulto trata a Ahmed como a un igual, escuchando su problema sin juzgarlo ni mandarlo a callar.

En conclusión, Kiarostami nos dice que la verdadera «casa del amigo» no es una ubicación geográfica, sino un estado de empatía. Es una película que nos pide recuperar la mirada de la infancia, donde la justicia y la amistad son los motores más potentes del mundo. En última instancia, la obra funciona como una metáfora universal: encontrar “la casa del amigo” es también encontrar el sentido de la responsabilidad hacia el otro. Kiarostami sugiere que la ética no se enseña con normas rígidas, sino que se construye a partir de actos concretos de cuidado. Es una película pequeña en escala, pero inmensa en humanidad que queda plasmada en una sencilla flor que queda atrapada entre las hojas de una libreta ajena. 

Deja un comentario

Abril Hernández

Biology and some other stuff that come to my mind